El acceso a Las Sabinas se ha convertido en una odisea para sus residentes. Tras las lluvias recientes, el camino se ha transformado en una trampa de barro, dificultando la entrada y salida del poblado. A pesar del desmantelamiento parcial de las chabolas, varias familias continúan viviendo en condiciones de abandono y precariedad extrema.
Al llegar al lugar, el paisaje es desolador, con varios kilómetros de charcos y enseres tirados a lo largo del camino. La sensación de desamparo es evidente entre los residentes, quienes ven cómo su entorno se deteriora sin que nadie asuma la responsabilidad de mantenerlo.
«En la guarrería metidos nos tienen aquí. Han tirado todas las infraviviendas y ahí lo han dejado todo. Nos dedicamos a la chatarra, con mucha suciedad, ratas y bichos», declara una de las residentes con desesperación.
La vida en Las Sabinas es una constante lucha contra la falta de lo más básico. «Ahora mismo no tenemos ni luz ni agua. Todas esas garrafas son porque no tenemos agua y tenemos que ir a buscarla a alguna fuente para poder bañarnos y limpiar un poco», explica Alba, una residente de siete años en el poblado.
La falta de saneamiento tiene un impacto directo en la salud, especialmente en los niños, quienes siempre están enfermos. Otra vecina, con 27 años de residencia, menciona los problemas de salud que padecen: «Estoy enferma, mi marido también, queremos pisos pero no nos los dan. Llevamos 27 años aquí y cada vez está peor. Cuando llueve, es lo peor porque todo se llena de barro. Estamos esperando a que alguien nos lleve».
Los procesos de desalojo y derribo han empeorado la situación para quienes se quedan en el lugar. Tamara, otra residente, describe la situación: «Está todo mal, sin luz, tirando todo. No vivía nadie, pero lo tiran y nos dejan toda la basura aquí. Si al menos la recogieran, porque aquí seguimos viviendo, hay niños».
La acumulación de escombros de las viviendas demolidas crea un círculo vicioso de insalubridad, atrayendo plagas y representando un riesgo para la seguridad de las familias que permanecen en el asentamiento.
Ante esta realidad, la petición unánime de los vecinos es una solución habitacional. «Estamos esperando a ver si nos hacen otro convenio para ser realojados», comenta Alba, expresando la esperanza compartida por las familias.
Mientras esperan el anhelado realojo, los residentes exigen medidas inmediatas. Necesitan que se mantenga la zona en condiciones óptimas, con una adecuada recolección de basura y escombros que mejore las condiciones de salubridad en las que se ven obligados a sobrevivir a diario, atrapados en el barro y el olvido.
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